Domingo de la Santísima Trinidad. A

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1 junio, 2020
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8 junio, 2020

Por amor mío alégrate en mí porque, entre todas las cosas, ésta es la que más me gusta. (Juliana de Norwich)

Jn 3, 16-18.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 

Dios quiere decirnos algo de Él. Es verdad que Dios se manifiesta en la naturaleza (las montañas), en el amanecer y en la criatura humana; en el ser en definitiva. Dios se revela en el rostro de Cristo: “Quien me ha visto amí ha visto al Padre” (Jn14, 9). Hay revelación plena de Dios cuando Cristo, enviado al mundo y elevado a la gloria de la Cruz, atrae a todos los humanos hacia sí para que reciban el Espíritu Santo que nos permite decir “Abba, Padre”. Aparece el amor más grande.  Así coincide la Revelación con la Trinidad; la revelación de Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo con el ser de Dios en sí mismo, derramado en nuestros corazones.

Lee, medita, ora, contempla. ¡Trinidad soy! Tú habitas en mi.