IV Domingo de Pascua. A

“Yo os conozco”
28 abril, 2020
“yo os conozco…”
2 mayo, 2020

Claudio Pastro

Jn 10,1-10.

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

 

… El Pastor vive una relación vital con sus ovejas, pero mira hacia delante y bendice al mundo. Él no trae sólo su propio mensaje sino el acontecimiento de la vida de Dios Padre para todos. La Vida primordial, el árbol, símbolo de la Creación de Dios, sombra para el pastor, alimento para las ovejas, crece detrás. El Pastor lleva un pequeño zurrón. Y, bajo su corazón, en el costado izquierdo, una flauta de pan, evoca su respiración, su aliento, su Espíritu Santo…que hará brotar la música, la oración. Amén

Recordatorio de la Bendición Abacial de M. Rosario, cuyo aniversario hoy celebramos.

 

 

En esta tarde nosotras queremos orar con Etty Hillesum: “Dios, cógeme de tu mano, te acompaño obedientemente, sin resistirme. No rehuiré nada de lo que me llegue en la vida, lo asimilaré con todas mis fuerzas. Pero dame de vez en cuando un breve instante de tranquilidad. Tampoco pensaré, en toda mi inocencia, que la paz, en caso de que me llegue, vaya a ser eterna. También aceptaré la intranquilidad y la lucha que volverán a continuación. Me gusta estar protegida por el calor y la seguridad, pero tampoco me rebelaré si entro en el frío, siempre y cuando sea de tu mano. Iré a todas partes de tu mano y quiero procurar no tener miedo. Intentaré irradiar algo del amor, del verdadero amor humano que hay en mí, en cualquier parte que esté”.