La isla de los monjes, esperanza de futuro.

Joven, reflexiona, pregúntate…
2 mayo, 2018
VI Domingo de Pascua. Ciclo B
5 mayo, 2018

Recientemente he visto el documental “La isla de los monjes” y quiero compartir algo de lo que esa película me ha aportado.

Lo primero, invitarte a ti, creyente o no, a que lo veas si tienes la oportunidad. Dura 70 minutos, pero no defrauda: su contenido es muy denso.

Relata la  realidad de muchos monasterios europeos hoy en día en medio de este mundo. Sus miedos e incertidumbres, la falta de vocaciones, el mínimo número de hermanos y hermanas en nuestras comunidades, una media de edad alta, disminución de fuerzas, etc…

Escuchamos cómo los monasterios se intentan fusionar, otros  no  quieren ni hablar de ello y otros que se están cerrando, porque ya no pueden vivir por sí solos. Eso es una realidad.

Parece que en la mayoría de los casos eso será así, parece que es nuestro futuro: cerrar casas, fusión de casas, cambio de casa… Es una realidad no fácil e incierta, pero a pesar de las dificultades, los miedos, el no ver otra posibilidad y los deseos de quedarse como están, la película ofrece esperanza.

Aporta una llamada al diálogo entre los miembros de las comunidades de cara a un futuro, una llamada a volver a las raíces, a  preguntarnos por nuestra vida y nuestra llamada, nuestra misión y nuestras ilusiones y a cómo querer afrontar juntos nuestro futuro.

La  película es como un faro que nos hace ver cuáles son nuestras seguridades  y si realmente aportan seguridad o más bien, hacen que vivamos en tensión por querer mantener algo que ya no se puede mantener debido a la disminución de fuerzas de las comunidades.

Un faro que nos interroga sobre qué cosas, trabajos, ocupaciones ya no se pueden mantener en nuestras comunidades y es necesario dejarlas  porque nos comen lo esencial, de qué es necesario prescindir comunitaria y personalmente para alimentar nuestra vida monástica y ser presencia de Dios en medio del mundo, en medio de nuestras ciudad, en medio de nuestras propia comunidad y me atrevería a decir en medio de nosotros mismos.

Qué habría que hacer, qué habría que cambiar para vivir de una manera más verdadera nuestra vocación sin que sea absorbida por los trabajos o cosas que un día fueron imprescindibles pero que hoy superan nuestras fuerzas  y capacidades.

Cabe destacar cómo en la película no se ve una opción fácil de tomar por esa comunidad. Les supone mucho discernimiento personal y comunitario, muchos miedos e incertidumbres, pero son sostenidos por la propia llamada, por la vida interior profunda y cuidada en el día a día. Sólo poniendo su confianza en el Señor  y sabiendo que el propio monasterio, las propias cosas son secundarias y lo que importa es la propia vocación vivida en comunidad, pueden dar los pasos que en su caso concreto vieron, discernieron, valoraron y hablaron juntos…irse a otro lugar, partiendo casi de cero. Dejar la seguridad de un monasterio, su propio hogar donde tanto habrán compartido y tantas experiencia de Dios vividas a lanzarse a otro lugar, otros alrededores, otro monasterio aun sin construir para continuar su vida monástica juntos, sin que se perdiera nada de lo que en tantos años habían recibido.

Ellos no se echan atrás, no se acobardan ni  se derrumban por la situación que viven, sino que siguen buscando más vida, buscan un nuevo proyecto juntos, un nuevo sueño juntos que llevar a cabo, buscan y quieren un nuevo futuro mejor donde llevar a cabo su vocación.

Es una película que evidentemente se centra  en la vida monástica, pero creo  que también es válida para cualquier familia. La situación familiar de hoy en día, en muchos casos no es nada halagüeña. Seguro que son conocidos casos de cerca o de lejos que deben cambiar su forma de vivir y de vivir en familia por situaciones concretas y disciernen de alguna manera cómo hacer. Dejan seguridades, trabajos que en un momento fueron imprescindibles para salir adelante pero ahora son una carga o un peso. Familias que tiene que dejar sus posesiones, sus casas para buscar otro lugar donde comenzar de cero, quizá viviendo de fondo que lo primordial es mantener la familia unida, cuidar del amor y la vida juntos y seguir el camino de la vida de otra forma más digna, más feliz…aunque sea en medio de la incertidumbre…

Os animo a todos, una vez más, a que veáis este documental y recéis por todos los  monasterios de tantas órdenes religiosas como hay, para que nos abramos a la vida y sepamos acogerla como quiera venir, y no antepongamos nada a la llamada que un día recibimos, hicimos consagración de ella en nuestra propia comunidad  y cuidamos en nuestra forma concreta de vivir en medio de nosotras mismas, nuestras ciudades y nuestro mundo.

Desde este monasterio seguimos rezando por todos aquellos que tienen que dejar su casa, a su gente para comenzar de nuevo, sin saber cómo será…. Son los nuevos Abraham del siglo XXI, lo dejó todo para salir a una tierra sin saber dónde iba, ni qué encontraría.