Miércoles de Ceniza. Ciclos A-B-C

VI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B
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“Seguimos las huellas…”
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La Cuaresma es una aventura para bienaventurados.
Para todos los misericordiosos, o que quieren serlo;
para los hambrientos y sedientos de justicia, o que quieren serlo,
para los que trabajan por la paz, o desean gastar en ello sus fuerzas;
para los limpios de corazón, los perseguidos…
Volvemos a la Casa del Padre con toda la Iglesia. Iniciamos este camino de 40 días, lleno de bienaventuranzas, unidos especialmente a todos los catecúmenos que en la noche santa de Pascua serán incorporados al Cuerpo de Cristo, que somos nosotros.
Que Dios, nuestro Padre nos conceda renovarnos interiormente a imagen de su Hijo, por la fuerza de su Santo Espíritu. Amén.  
                                                                     Monición de Maitines          

 

                                                                                                                                               

Mt 6, 1-6. 16-18.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser vistos por la gente; os aseguro que ya  han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que ve en lo escondido,  y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompesnsará.