

Jn 2,13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a
los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote
de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las
monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre…
La belleza del templo católico es precisamente la comunidad que celebra y se congrega dentro de él. Lo que pretende el texto Juan, es presentar a Jesús como un profeta mas de Israel: “Estoy harto de holocaustos…no traigáis mas dones vacíos ni incienso execrable. Lavaos, cesad de hacer el mal, buscad hacer el bien. Buscad la justicia. Levantad al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda: entonces venid” (Isaías 1, 11-18). Una casa donde podamos invocar a Dios como Padre, porque nos sentimos sus hijos y sus hijas y buscamos vivir como hermanos y hermanas”. Deseamos no perder al Dios vivo que viaja con nosotros.
Haz un silencio, para acoger que eres Casa Habitada. Y que los hermanos son Casas Habitadas.
Lee, medita, ora, contempla.